In memoriam de Pablo Encinas Sevillano

Juan Pablo Encinas

Victoriano Pablo Encinas Sevillano nació en 1935 en Nava de la Asunción (Segovia).


Su padre, Pablo, era tratante de ganados y tenía una carnicería. Su madre, Francisca, nuestra cariñosa abuela Paca, tuvo 5 hijos con él y atendía la casa y la carnicería. Mi padre fue el cuarto y pasó la guerra civil y los primeros años de la postguerra en Nava, donde perdió a su padre con apenas 12 años; pero del que heredó su inquietud, alegría y positividad.


En aquellos duros años de la postguerra y sin padre, la familia decidió trasladarse a Madrid. Allí, Pablo, con sólo 13 años, se puso a trabajar en la frutería de su tío Rufino, repartiendo cestas de fruta a hoteles, supermercados y particulares.


Su afán por progresar le llevó a aprovechar unas clases de inglés de su hermana Nieves, que se casó con un americano y se fue a vivir a los EE UU.


El esfuerzo y habilidad de nuestro padre con los idiomas hizo que se convirtiera de alumno en profesor del Instituto Brian de Madrid. Aprendió con eficiencia inglés y francés y, gracias a esta formación, consiguió empleo en el Banco Hispano Americano, aunque siguió dando clases por las tardes en dicho Instituto.


Familia Se casó con apenas 22 años con la madrileña Juana San Martín Mindeguía, teniéndome a mí y a Gracia. Su primera esposa enfermó y falleció sólo 7 años más tarde.


Mi padre se casó de nuevo con Rosa E. Díaz Fernández, asturiana de Olloniego, con la que tuvo otros 4 hijos: Moisés, Eva, Marcos y Loreto; y con quien compartió su vida hasta su fallecimiento en 2014 (D.E.P.).


Con sólo 25 años entró de Auxiliar de Vuelo en Aviaco, luego Iberia, donde trabajó primero viajando por todo el mundo y luego destinado en el aeropuerto de Almería hasta que se jubiló. En Iberia formó parte de las plantillas más distinguidas de tripulantes, fue delegado sindical felicitado con una placa de homenaje por sus compañeros, se sacó el título de Piloto de aviones comerciales y aprobó el examen de acceso a la Universidad.


Ansia por aprender Su ansia por aprender le convirtió en una persona culta, de modales exquisitos, hasta el punto de que en la residencia donde pasó la última etapa de su vida, le apodaban el Dandy.


Su amor por el campo le llevó a tener diversas fincas en su querida Almería y a emprender cuantiosas aventuras agrícolas, ganaderas y empresariales. Tuvo una agencia inmobiliaria, un supermercado e incluso una explotación de minerales en Marruecos


Compartir Nuestros padres se empeñaron en que todos estudiáramos una carrera y como en Almería no había Universidad, hicieron un esfuerzo mayúsculo para enviarnos y mantenernos fuera. Siempre tuvieron abiertas las puertas de casa a conocidos, familiares y amigos. Aunque nunca sobró el dinero en casa, siempre se compartió el cariño, la alegría y lo que había.


Fiel a sus orígenes castellanos y a sus principios cristianos fue honrado y hombre de palabra. Siempre hizo lo que estuvo en su mano por ayudar a los demás. Hizo y deshizo en su vida según su criterio hasta donde le alcanzaron sus fuerzas. Supo cuando le llegaba su hora y se despidió de todos nosotros. D.E.P