A mi Nona

Antonia Quijano Cabeza - Nona

La unión mágica de Cádiz aterrizó en Carboneras. Almería. Un lugar lunar con mar sol y magia. 


El visionario de uniforme sabio, mi maestro Don José Fernández, ejecutó parte de sus sueños en ese sitio que fue su morada territorial, no sin el apoyo logístico, detrás del genio, de la coronel de artillería, mi Nona.


Nona en retaguardia nos vistió a todos en las fiestas de moros y cristianos organizadas por el General Fernández.


La recuerdo arrodillada tomándonos las medidas en los flecos de los disfraces, poniendo orden entre el chiquillerío alborotado y festivo.


Lástima que las fotos no lo testimonien.


Pero nuestra memoria al evocar conserva imágenes parciales de que fue real.


Así lo recuerdo yo, repito.


De bronca inmediata. Fiera de disciplina.


Una mujer ejemplar de otra época mi Nona.


De cálida memoria que no derretían los años a mi llamada.


E inquiria traviesa y curiosa. Explícamelo. Implacable en la conversación íntima. Ni el Tribunal Supremo de España me acojonaba tanto en el trato. Yo brusco e impetuoso se las soltaba. Ella, de bronca inmediata hasta el final. No reveló datos.


¿Cómo me reconoció? Al volver a Carboneras tras 20 años. No lo recuerdo. Pero sentado y trajeado como abogado en el Ayuntamiento de Carboneras, venido de Madrid, me impeló: ¿tú te llamas Bergillos? Sorpresa mía. Era tu madre, Ramón.


La quería mucho. Y lo sabéis, y a mi profe.


Abrazo a los dos, Ramón y Pablo, y a toda la familia.