El relojero del agua de Alhama

Manuel Amate Rodríguez

Manuel León

Siempre quedará la imagen de Manolo Amate con su mulo negro primero y con su Renault amarillo después, corriendo, repartiendo papeletas de riegos de casa en casa por su pueblo de Alhama. Era el relojero de aguas, el que controlaba las tandas para que no hubiera abusos, el que bregaba por las acequias, el que se dejaba los riñones limpiando pozos y galerías. Se acaba de ir Manuel Amate Rodríguez con 95 años y con el título de presidente honorífico de Los Decididos, esa Comunidad de Regantes que él fundara junto a otros agricultores alhameños en el desaparecido Cine Nicasio una lejana tarde de 1961.


Todo se engendró unos años antes, en el bar La Tertulia de Alhama, un grupo de jóvenes parraleros, mientras jugaban al dominó entre moscas pegajosas, miraban con el rabillo del ojo la subasta del agua. Se decía entonces que las parras de la vega alhameña se regaban con sangre, porque, casi que es lo que tenían que tributar los angustiados agricultores de esos pagos si querían humedecer sus fincas.


Esa tarde en la que se masticaba la indignación entre los veladores, la hora de agua de Fuente Nueva y El Olivillo se llegó a adjudicar por 1.600 pesetas, cuando el jornal entonces de un albañil era de 80 pesetas. El brillo de rabia en los ojos de ese grupillo de amigos, esa tarde de mercadeo de tandas, fue la gasolina que puso en marcha a Los Decididos.


Manuel Amate Rodríguez, junto a Juan Horta Martínez y Manuel López Pelayo, alumbraron la idea de buscar agua en el subsuelo y explicaron su proyecto a las familias del pueblo, casa por casa, en una villa adjetivada  antiguamente como La Seca y que se estaba quedando deshabitada con sus hijos marchando a Cataluña y a Alemania por la falta de agua para recoger cosecha.


La encontraron  por fin en la Cuesta de Juan Pascual, en el término municipal de Alicún, un venero que manaba de las mimas entrañas de la tierra cincuenta litros por segundo.


Era de noche cuando afloró el torrente, pero no impidió que la sonda bautizada como La Deseada se convirtiera en un lugar de peregrinación como si se hubiera aparecido el mismísimo San Nicolás de Bari. Agua por fin para Alhama la Seca y propiedad de todo el pueblo a través de más de 400 socios que habían pagado a riñón durante siete u ocho años, quitándoselo del plato de comida, sin saber si el agua llegaría alguna vez a sus campos maltrechos sin esa dorada uva del pretérito.


Volvieron entonces los emigrantes de nuevo a Alhama, a recuperar los cultivos que abandonaron varias décadas atrás al disponer de algunas horas de riego. Se inició  una segunda edad dorada de los parraleros de Alhama, tras el recuerdo lejano de la uva de barco de sus abuelos. 


Fue este hombre, Manolo Amate, el que se dejó el alma en este empeño con una nobleza, que con el paso del tiempo, hizo que sus paisanos le rindieran hace unos años un caluroso homenaje, en vida como corresponde, promovido por José Antonio Picón. El Ayuntamiento de Alhama en Pleno decidió entregarle una placa de honor y gratitud en recuerdo de los agricultores luchadores y rotular la antigua Carretera del Molino con su nombre. D.E.P el relojero de Alhama.