En el décimo tercer aniversario de tu ausencia

Ana Martínez Parra

Hablar de una persona como Conrado es, a la vez, fácil para mí y muy difícil porque la objetividad se difumina envuelta en el amor que sentía por él.


Sin embargo, la realidad es que su forma afable, la inteligencia natural, la honestidad personal, la capacidad de empatizar con los problemas de la gente, la coherencia de sus acciones y el compromiso con su familia, sus amigos y su opción política fueron carta de naturaleza en su quehacer cotidiano cuando vivía.


Y estoy segura que ahora sería tremendamente feliz disfrutando con las novedades que se han producido en la familia a lo largo de este último año.


Mi humilde homenaje a través de estas palabras, solamente busca poner de relieve que las acciones que llevamos a cabo a lo largo del tiempo que permanecemos con vida van a caracterizar la benevolencia con que seremos recordados.


Me asombro gratamente cuando compruebo que la gente aún lo recuerda con cariño, respeto y admiración ya que él jamás levantó su mano o su palabra para dañar la integridad física y moral de nadie. 


Gracias, Conrado, por el tiempo, poco a mi parecer, que pasamos juntos, por lo que me enseñaste, por lo que vivimos y que justifica lo terriblemente sola que me siento desde que el destino estableció que debíamos separarnos.


La vida sigue su curso para cada uno de nosotros, pero tu ausencia se hace cada vez presente en mi vida a medida que esta transcurre porque añoro tus sabios consejos, echo en falta tu talante dialogante y reflexivo además de esa actitud tan tuya de serena paciencia, de infinita comprensión hacia las acciones ajenas y de infinita bondad personal.


Fuiste todo un ejemplo a seguir por eso, mientras sea capaz de ensalzar tu persona y tu memoria voy a seguir pregonándolo ya que es la única forma que conozco para que tus cualidades sigan presentes en nuestras vidas.