José Manuel Martínez Martínez, mi hermano

José Manuel Martínez

Antonio Martínez

¿Pero qué ha pasado?, ¿cómo es posible?, ¿si tu naturaleza es muy fuerte?, ¡estabas bien y de la noche a la mañana nos dejas!, ¿y ahora qué hacemos?...  ¿Y ahora qué hago yo?, ¿cómo se te ocurre dejarnos tan pronto?, yo solo necesitaba saber que estabas ahí, como siempre desde que me conozco “mi hermano José Manuel Martínez Martínez (ahí es nada) está aquí, acompañándome en este viaje llamado vivir.“


Pero el mayor dolor por tu ausencia no me corresponde a mí. Tu mujer Martirio y tus hijos José Luis y Sebastián situados en la vanguardia de tu vida están hundidos por tu partida.


Hermano mío, hermano nuestro, ¡qué hueco vacío acabas de dejar en nuestras vidas!, ya nunca será todo igual.


Carácter, fuerza, nobleza, inteligencia, son algunos de los adjetivos que me vienen a la cabeza al pensar en ti. 


Recuerdo cuando me llevabas contigo a reparar aquellas máquinas recreativas de pinballs de los años 60 y 70 en uno de los primeros trabajos que tuviste, era fantástico poder jugar a todas aquellas máquinas “de bolas” todo lo que yo quisiera. Y qué sensación poder hacerlo sin tener el cristal puesto, podías coger la bola de acero con la mano cuando se iba a colar, o ponerla en el sitio adecuado para conseguir más puntos o partidas añadidas. Eso sí que era tecnología punta en el mundo de los juegos y no los aparatos que disponen hoy en día los chavales, o por lo menos era más sano ya que al menos no te quemabas la vista con las pantallas. Qué fiesta era para mí cuando me decías si me quería ir contigo. En los bares me trataban a cuerpo de rey, gaseosas de cola, de naranja, zumos de frutas, todo con tapas a raudales y con el premio de jugar con las recreativas.


¿Y cuando tocaba reparar aquellas televisiones antiguas de válvulas a domicilio? (¡Dios, lo que tardaban en encender!), allí era otra fiesta culinaria, “toma esto guapo”, decía la mujer de la casa, y ¡zas!, una gaseosa de cola en una mano y un plato de “maravilla casera” tipo carne con tomate, ensaladilla rusa o “deliciadelmomento” en la otra (¿cómo pueden hacer nuestras madres esa maravilla de tomate frito?).  Estaba deseando tener vacaciones de verano para poder ir contigo.


Las siguientes palabras son de tu hijo José Luis, roto por tu pérdida:


“Solo darte las gracias por haber sido un padre, un amigo, con el que he andado un camino que jamás olvidaré y tener la satisfacción de saber que te has ido sabiendo lo mucho que te he querido y que te querré. Hasta luego, papá.


José Manuel, qué pena que te hayas ido. Te añoraremos siempre. Adiós hermano, esto no es un adiós definitivo, es un hasta luego. Volveremos a encontrarnos algún día.


Tu hermano Antonio.