Un hombre universal

Nos ha dejado un gran hombre, el ilustre José Miras Carrasco

Ha dedicado su vida principalmente a la enseñanza y a la política. Se dedicó a la política en un tiempo en que esta era una verdadera labor social, haciéndose de manera altruista, a diferencia de lo que ocurre actualmente. Él no se enriqueció con la política. Es más, su dedicación a la política le impidió desarrollar sus propios negocios como el de joyería, relojería, óptica y fotografía que había iniciado en 1962 en la calle Cervantes de Albox, establecimiento que trasladó en 1971 a la avenida Pío XII. Se entregó en cuerpo y alma a la lucha por el progreso de Albox, de la comarca del Valle del Almanzora y de la provincia de Almería. Sus méritos han sido en parte reconocidos con numerosos premios y homenajes que ha recibido en vida, como la medalla de bronce del Mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort (2018) o el homenaje que recibió por parte del Instituto de Estudios almerienses en 2012, reconocimientos que no me cabe duda de que los seguirá recibiendo.


Íntegro Se nos ha ido una persona de grandes valores democráticos, honesto en el sentido más amplio de la palabra, un defensor de la justicia y una persona comprometida con su tierra y con su gente.


Estudió Medicina en Granada y Magisterio en Almería. Fue maestro mío en el colegio Velázquez durante varios años, pero ha continuado siendo mi maestro durante toda su vida, porque yo no he dejado de preguntarle por todo. Fue director del colegio Velázquez; bajo su dirección se inauguró en 1978 el actual edificio del colegio.


Durante sus años de maestro hizo un gran esfuerzo para que el deporte se convirtiese en un hábito para los alumnos. Madrugábamos para jugar al fútbol antes de entrar al colegio y el arbitraba los partidos. Había sido futbolista de la U.D. Albox en la temporada 1949/50.


La Salle Con alegría y pena a la vez hablaba de la reunión anual que hacían los alumnos de bachiller de la promoción de 1942 del colegio La Salle de Almería, a la que él pertenecía. Con alegría porque aquel encuentro se siguiese celebrando ininterrumpidamente desde 1963, y con pena porque iba viendo que cada año eran menos, habiendo quedado el grupo muy reducido en los últimos encuentros.


A pesar de la gran diferencia generacional, hemos tenido siempre una amistad muy sólida, he disfrutado de su conversación, de sus ideas, de su clarividencia… Era un hombre accesible, siempre dispuesto a escuchar y a ayudar en lo que estuviese a su alcance. Era algo así como un polímata, como aquellos hombres del Renacimiento que dominaban muchas disciplinas del saber. Sabía de todas las materias de la enseñanza, de medicina, arqueología, de geología, de climatología, de arte, de literatura, de deportes, de agricultura, de costumbres populares…


Fue el artífice de que el programa de fiestas de la Feria de los Santos se convirtiera en los años 70 en una especie de revista cultural anual donde de forma pionera se publicaban interesantes textos de cultura local. Siendo alcalde, en 1980, con la organización de la 1ª Semana Cultural, que encargó al historiador local Antonio Fernández Ortega, propició que con las ponencias que allí se presentaron, surgiera la publicación de la histórica revista Roel.


Intelectual Promovió la creación de la Hemeroteca Provincial y el Instituto de Estudios Almerienses (1980), fue alcalde de Albox al final de la dictadura y en los inicios de los ayuntamientos democráticos, entre 1979 y 1984 y juez de paz entre 1995 y 2011. 


Una de sus más dolorosas frustraciones fue la de no poder establecer el Museo de Antropología y Ciencias Naturales, para el que había reunido una gran colección, que desapareció de unas dependencias municipales.


Fue colaborador de La Voz de Almería, donde se publicaron muchos de sus artículos de opinión. Escribía poesía. Algunos de sus poemas fueron publicados en el libro Mundo misterioso (2002); otros muchos permanecen inéditos. Colaboró estrechamente conmigo en el libro “Hitos y efemérides de la historia de Albox”.


Documentalista Solía decir que una de las cosas más valiosas que había hecho en su vida había sido la filmación de un reportaje sobre las catastróficas riadas del 19 de octubre de 1973. La impresionante película fue visionada por el presidente del Gobierno de entonces, Carrero Blanco, lo que fue determinante para que a la zona se le concedieran ayudas para paliar los daños ocasionados. Solía hablar de forma recurrente del mal endémico de estas áridas tierras del Sureste: el agua; del fenómeno de la gota fría y de la labor de prevención que hay que hacer para evitar sus consecuencias desastrosas, de las ramblas, de las fuentes, de soluciones para el riego. Me decía que en el futuro se deberían construir dos embalses más en el Valle del Almanzora, uno en el Medio Almanzora y otro en el Alto Almanzora, y que se debería estudiar también la viabilidad de construir otro en la zona alta de la rambla de Albox, en la Boca de Oria. Le preocupaba el futuro de los juzgados de paz y de los registros civiles; deseaba que continuasen ofreciendo sus servicios de forma gratuita. 


Fue un hombre que nunca se ha jubilado en la práctica; ha estado muy activo hasta sus últimos días, con multitud de proyectos en marcha.


José –popularmente conocido como Pepe o Carrasco, por su segundo apellido- había nacido en 1931, el año en que llegó la II República, como él solía recordar. Era el hijo único de la maestra María Luisa Carrasco Díez y del molinero José Miras Molina. El molino de su padre se llamaba el molino del Rincón, el cual se encuentra –aún subsiste- en la pedanía de la Fuente del Mojón, molino que había sido construido por su abuelo, Lázaro Miras Bautista. Era por ello también un entusiasta de este mundo de los antiguos molinos harineros, que aprovechaban los cursos de agua para moler los cereales.


Era viudo de Adelina Cidad Gutiérrez, que fue maestra, como él. Sus hijos son Mª Luisa, Pepe, Visi y Adelina.


Como él sabía que no soy partidario de usar el anticuado tratamiento de don con nadie, me pedía que dejase de llamarle don José y que le tutease, pero no lo conseguí, a pesar de la proximidad que se alcanza con tantas horas de conversación y confidencias.


José Miras Carrasco fue maestro, fotógrafo, relojero, periodista, historiador, futbolista, agricultor, alcalde, diputado provincial, juez y otras muchas dedicaciones, pero fue ante todo un extraordinario hombre y un eterno amigo.