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La Sierra de María y el marquesado de los Vélez Visitamos, en este recorrido, el sector más septentrional de la provincia de Almería, que a modo de ariete, parece penetrar bruscamente en las vecinas tierras granadinas y murcianas que lo delimitan. En un paisaje de fuertes contrastes, de cambiantes vertientes, del llano y de la montaña, destacan estas últimas conformando una serie de alineaciones oeste - este. La más meridional de todas ellas, la Sierra de las Estancias delimita el territorio por el sur. La Sierra de María, con las mayores altitudes, la del Cigete y del Oso, configuran el corazón del, ya citado, parque. Su variedad paisajistica y geomofológica, posibilitan un entorno natural de gran biodiversidad y calidad que se enriquece con las peculiares características climáticas de estos lugares. Precipitaciones más abundantes (por encima de los 400 m), temperaturas con oscilaciones térmicas acentuadas, máximas y mínimas acusadas; son algunos de los rasgos termopluviométricos que introducen cierto factor de continentalidad en el "característico" clima mediterráneo almeriense. La presencia de cumbres cercanas a los 2.000 metros, favorecen la frecuencia de nevadas, aportando una agradable visión novedosa para el viajero. Pero las bondades y atractivos de esta comarca, no se circunscriben, tan sólo, a los aspectos propios del medio natural. La tradicional vocación, como tierra de paso entre dos unidades bien diferenciadas, favorecerá su antiguo y fecundo poblamiento hoy patente en forma de innumerables restos arqueológicos que descubriremos más adelante y que llegan a ocupar los más altos rangos en la prehistoria de Almería. Abundantes avatares históricos acontecieron en estos parajes, justificables, en parte, por su pertenencia al antiguo Marquesado de Los Vélez. Sin duda, estas consideraciones han favorecido la existencia de uno de los conjuntos monumentales más importantes y singulares de toda la provincia. La ruta permitirá adentrarnos en una de las comarcas de Almería, con mayores y más definidos rasgos de identidad, incrementados, en cierta medida, por el relativo aislamiento que, a lo largo de los tiempos, han propiciado las alineaciones montañosas, y sobre todas ellas, La Sierra de las Estancias. Tal particularidad favoreció una estrecha relación con tierras de Castilla. Esta influencia meseteña, se hace aquí mucho más patente que en otros lugares de la provincia, reflejándose en su arquitectura, modos de vida, actividades socioeconómicas, tradiciones, gastronomía, etc.... El punto de partida de la ruta se sitúa en Vélez Rubio. Para llegar hasta allí, recorreremos buena parte de nuestra geografía, por tierras ya conocidas. Discurriremos por la nacional 340, que nos habrá permitido acércanos, de forma rápida, hasta Húercal- Overa. Una vez allí, tomaremos dirección norte para ascender el Puerto de Santa María de Nieva. La ascensión hasta este paso natural de más de 1.000 m de altitud, deja entrever una variada vegetación donde destacan encinas y altivos chopos. Cuando alcancemos los 1.080 m, punto culminante del puerto, admitiremos un descanso en el viaje de aproximación, para disfrutar del soberbio paisaje que se abre ante nosotros. La Sierra de María, se articula sobre un territorio - en el que destacan perfectamente Vélez Rubio y Vélez Blanco, distanciados tan sólo siete km y de los cuales recoge su topónimo esta comarca -. Nos disponemos a iniciar el descenso, no sin antes contemplar los cielos, pues es habitual descubrir el vuelo de alguna águila calzada o culebrera. Si han tenido suerte, ¡Enhorabuena!, Si no, no se desanimen, pues tendremos muchas posibilidades de profundizar en estos intentos a lo largo y ancho del territorio que se define a nuestros pies. Las laderas septentrionales de esta prolongación de la Sierra de las Estancias, permiten confirmar la dominancia de la encina como especie natural, en un medio en el que predomina ya el cereal, en aprovechamiento mixto con el almendro y la vid. Un breve recorrido por la futura autovía, aún inacabada, permite reconocer el fondo de este altiplano septentrional que comunica la Fosa de Baza con el Mediterráneo, en el denominado Corredor de Chirivel. Frente a nosotros, destaca sobremanera el Cerro Maimón a modo de atalaya, que se eleva casi 1.000 m sobre el primero de los Vélez, hasta alcanzar los 1.761 m. Según tomamos esa dirección, aparecen a nuestra izquierda, los restos de un antiguo complejo defensivo de época nazarí la fortaleza de Velad Al-Ahmar, sobre el Cerro del Castellón, separada del núcleo de población por el Río Chirivel. Nos encontramos ya muy cerca de Vélez Rubio que se extiende en una pequeña colina, resguardado por los imponentes contrafuertes de Sierra María. Por esta localidad discurría la antigua calzada romana que venía de Cártago y que recuerda una importante romanización de estos lugares. Dado que el centro urbano, coincidente con la Plaza de la Encarnación y el Ayuntamiento, presenta el típico diseño árabe, de calles estrechas e intrincadas, aconsejamos al viajero que aparque su automóvil antes de adentrarse en él. Al recorrer sus calles y plazas, iremos percibiendo el carácter señorial de su caserío. Adustas mansiones señoriales con magníficas rejerías, iglesias, palacios, conventos, museos y hospitales, van creando a nuestro alrededor una atmósfera señorial y monumental. Iniciamos nuestra visita a Vélez Rubio, conociendo su iglesia mayor, la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación. Este gran conjunto religioso, visible desde cualquier punto del pueblo, fue declarado monumento nacional en 1980. Erigida entre 1753 y 1768, constituye uno de los más representativos ejemplos del barroco almeriense. Se levantó en esa época para sustituir a la arruinada iglesia de San Pedro, profundamente dañada tras el terremoto de 1751. Su construcción fue asumida por el décimo Marqués de los Vélez, Don Antonio Álvarez de Toledo que reconoció el compromiso histórico familiar de edificar y reparar los templos en contrapartida a las rentas recibidas de los agricultores. El encargado de su diseño y realización, fue el arquitecto y religioso Fray Pedro de San Agustín. Aprovecha una elevación del terreno en el centro de la trama urbana para construir según la tónica general de las edificaciones velezanas, utilizando sillares en basamentos y esquinas, y el ladrillo enlucido en lienzos y paramentos. En el exterior, el aspecto de la fachada, recuerda a un retablo de tres calles, prolijo en decoración, molduras, hornacinas, volutas, etc... Destaca, sobre todos ellos, el escudo del Marqués y señor de los Vélez y, por encima de él, una alusión a la Encarnación de María en forma de atractivo relieve. Flanquean el conjunto dos torres cuadradas con cuerpos octogonales. Si nos aventuramos a su interior, observaremos que el templo posee una planta de cruz latina, con tres naves, separadas por pilares cuadrados y pilastras. Destacamos la cúpula con vidrieras y los colores azules y verdes que adornan todo el interior, en clara alusión al Misterio de la Encarnación. Pero sin duda alguna, resalta en esta visita su retablo de diseño barroco en madera sin policromar. La iconografía, de nuevo, alude a la advocación del templo. Numerosas capillas laterales con diferentes imágenes y algunas interesantes rejerías, completan el valor de esta iglesia. Nada más salir de ella, junto a nosotros, se levanta el Ayuntamiento, de fachada barroca, muy transformado en su interior. En el entorno de la misma plaza de la Encarnación, podemos encontrar algunas casas y mansiones típicamente velezanas, de los siglos XVIII y XIX, que coexisten armoniosamente con otras, más recientes, pero con idénticos signos constructivos. Si entre nuestros viajeros nos acompaña algún interesado por la arquitectura de época le referimos, a continuación, una pequeña guía para su reconocimiento, que puede completarse con la información facilitada en las oficinas municipales. Empezaremos, primero, por las viviendas de clara influencia barroca. Estos edificios se levantan a lo largo de los siglos XVII al XIX y presentan un aspecto sólido. Cerca de una treintena de edificios se caracterizan por sus tres plantas, la ultima de las cuales, recibe el nombre de "cámara" y hace las veces de desván o sobrado. Presentan aleros en los tejados y sillería en zócalo y partes nobles de la vivienda que combinan con ladrillo y enlucidos. Grandes puertas y excelentes rejas, culminan su descripción. El segundo gran grupo lo conforman las más de 120 viviendas del siglo XIX y principios del XX que constituyen el más característico modelo velezano. Nuevamente presentan tres pisos, con balcones y simetría de fachadas en torno a una gran puerta central. La madera y el hierro forjado introducen elementos decorativos en la, ya de por sí, austera conformación exterior. El último gran grupo, y tan sólo representado por 7 u 8 casas, lo constituyen algunas edificaciones con rasgos modernistas que entremezclan las modas de la época. En ellas abundan las decoraciones con molduras, la línea curva, la pintura, el torneado de la madera y la forja, etc... A pesar de que son sólo unos pocos, destacan sobre el caserío velezano. Toda esta riqueza arquitectónica sólo puede percibirse con un largo paseo por la ciudad. Animamos a nuestro, ya asiduo, acompañante a que intente "perderse" por su trama urbana, para disfrutar de esta sorprendente contemplación de edificios de tanto interés. Si toma esta decisión, seguramente llegará a la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, con portada barroca y bóvedas decoradas, o el próximo colegio de San José, ambos situados en la Carrera del Carmen. Ya que nos hemos acercado hasta aquí, tenemos que visitar el antiguo Hospital Real, adyacente a las anteriores edificaciones. Esta magnífica construcción de la época de Carlos III, encierra un recoleto patio porticado, en torno al cual se distribuyen varias instalaciones municipales. Tras una de sus puertas se encuentra uno de los más interesantes atractivos de esta localidad: el Museo Comarcal Velezano Miguel Guirao. Aconsejamos su detenida visita, a todo el que quiera conocer más de esta asombrosa tierra. Su origen hay que buscarlo en la colección privada de este velezano interesado por la arqueología que llegó a reunir varios miles de piezas encontradas en la comarca, en toda Andalucía y hasta en tierras del Magreb. A lo largo de siete salas, pueden recorrerse variados aspectos como la evolución de las especies, el medio físico, la prehistoria, las colonizaciones y el mundo ibérico, la hispania romana y visigoda, el período medieval musulmán y cristiano, o la etnografía del lugar. Todos ellos de forma pedagógica y muy cuidada, que hacen agradable y atractivo su recorrido. Anímense a tomar un descanso, saboreando algunas tapas o platos de su singular gastronomía y sigamos en nuestra peregrinación hacia el final de esta misma calle, para conocer uno de los más antiguos barrios de la localidad. Aquí, en el Fatín, se ubica una antigua almazara de aceite, del siglo XVIII, que fue propiedad del Marqués de los Vélez, conservando hoy las trazas de almacén. Aproveche la ocasión para recorrer esta barriada de clara herencia musulmana, donde algunos ubican los primeros asentamientos de Vélez Rubio. Aún quedan otros elementos de interés como el Pósito, el Convento de María Inmaculada, el Palacio de los Catequistas, etc, pero como confiamos en que su atractivo le anime a volver, nosotros proponemos retomar nuestro vehículo para continuar la ruta, tras este largo preámbulo. Abandonamos el pueblo, tomando dirección norte, hacia el cercano Vélez Blanco. Altivos relieves de gea complicada, de formas tabulares, dominan el paisaje. Sierra María ya nos muestra, a media ladera, interesantes manchas de vegetación compuesta, fundamentalmente, por coníferas. Antes de llegar a una gasolinera, a la derecha de la carretera, surge una pista de tierra que permite acercarnos a una zona preparada con una muy completa oferta de servicios como: camping, área de acampada, área recreativa y piscina. Recibe el nombre de Pinar del Rey y permite plantearnos, para este u otros fines de semana, la posibilidad de utilizarla como lugar de pernoctación o de recreo. Desde sus inmediaciones se aprecian interesantes vistas de los alrededores. Al volver a la carretera, frente a nosotros, surge otra desviación, en el otro margen de la carretera, que nos dará la posibilidad de conocer uno de los tesoros más interesantes de esta comarca, que transciende en importancia a toda la península. Nos referimos, claro está, al yacimiento arqueológico de La Cueva de los Letreros. Este abrigo rocoso se localiza en el cantil del Cerro Maimón a 1.100 m de altitud. Fue dado a conocer, en 1868, por Antonio Góngora Martínez en su publicación sobre Antigüedades Prehistóricas de Andalucía, convirtiéndolo en una de las primeras referencias del arte prehistórico nacional. Ante él han pasado los más ilustres investigadores de estas ciencias, como Breul, Martínez de Castro, Pericot, Cabré, Siret, Hernández Pacheco, etc. y también muchos, no tan ilustres, pero sí interesados aficionados como nosotros. Para acceder hasta ella podemos continuar en nuestro vehículo por una pista transitable hasta alcanzar una cadena que corta el paso. A partir de allí, debemos proseguir a pié por un camino, en perfecto estado, hasta llegar al abrigo. No hemos de olvidar, antes de subir, que esta cueva se encuentra completamente vallada para protegerla de los desmanes de los visitantes poco cívicos. Si quiere acceder a su interior, deberá llamar al Ayuntamiento de Vélez Blanco -41 51 01- o preguntar en la gasolinera cercana. Si hemos acabado la corta ascensión entre pinares, llegaremos a la puerta de entrada al recinto. Una vez dentro, podremos dedicarnos a descubrir las numerosas muestras pictóricas que reflejan figuras antropomorfas, figurativas, animales, etc... Si somos pacientes y observadores podremos, incluso, encontrar el origen y modelo primigenio del mítico motivo totémico de toda Almería, el Indalo, o el chaman (hechicero provisto de sus atributos). Puede que para algunos suene a modo de ofensa, pero creemos oportuno recordar al visitante, que se encuentra en uno de los santuarios más importantes del arte levantino, que ha perdurado desde el VI milenio antes de Cristo, en un magnífico estado de conservación y que, además, fue declarado en 1924 Monumento Nacional. Ello nos obliga a extremar nuestro cuidado y delicadeza ante esta verdadera catedral rocosa. Somos conscientes que su sentido común, y la admiración que sentirá ante este lugar, le llevarán a protegerlo con la intención de que perdure durante muchas generaciones para disfrute de nuestros herederos. Antes de descender, imprégnese del espectáculo de los alrededores y siéntase como aquellos hombres y mujeres que habitaron estos parajes y hollaron estas mismas tierras sobre las que usted se encuentra apoyado. También, considere que este lugar no es un hecho aislado, Sierra María, esconde otros muchos abrigos y cuevas que iremos mencionando a lo largo de la ruta. Dejamos atrás estas paredes y nos disponemos a continuar hacia Vélez Blanco. Muy pronto descubrimos la espléndida figura de esta magnífica plaza defensiva, que acogió la sede del Marquesado de Los Vélez. De su pasado tenemos hoy en día abundantes restos. Destacan el gran conjunto de abrigos y cuevas, constituyendo la mayor concentración de estas características del sureste español. Además de la de Los Letreros, podemos mencionar: El Gabar, Santonge, Los Molinos, Yedra y Cueva del Queso. Aunque sobre ellas, también destaca la Cueva de Ambrosio, como imprescindible para el estudio del arte esquemático del Paleolítico Superior. Canteras, Molinos, Tánganos y Río Claro son otros yacimientos dispersos por este fecundo roquedo velezano. Antes de acercarnos al centro urbano, detengámonos a disfrutar, con calma, de la vista que tenemos ante nosotros. Sobre un pequeño cerro se extiende un muy cuidado núcleo urbano, dominado por los colores blancos y ocres de sus casas. Una fértil vega se abre a sus pies, a modo de jardín natural. Y por encima de todo, presidiéndolo, la esbelta figura de lo que, para algunos, constituye el mejor ejemplo español de castillo renacentista. Dejemos que sea el lector quien lo juzgue, y para ello, continuemos en nuestro vehículo hasta coronar la parte más elevada del pueblo. Allí, a 1.150 m se levanta, majestuoso, el palacio-fortaleza de Don Pedro Fajardo, primer Marqués de Los Vélez. Salgamos del coche y dispongámonos a disfrutar de esta maravilla. Después de atravesar su entrada, defendida por un puente levadizo y una puerta "blindada", debemos dejar un pequeño donativo en su recepción para, sin más demora, pasar a recorrer sus dependencias. Permítanos retroceder algo en la historia, para situarnos antes de la construcción de este castillo- palacio, allá, por el siglo XIII, cuando existía otra edificación. Nos referimos a la fortaleza de Velad Al- Abyadh, fue una de las más importantes de este sector fronterizo siempre atareado en contiendas y escaramuzas entre los reinos de Murcia y Granada. A lo largo de ese mismo siglo fue ocupada por cristianos y musulmanes, destacando el período anterior a su capitulación ante los Reyes Católicos (1488), cuando fue sede de la corte de Boabdil. Si le es posible, intente ver la reconstrucción idealizada del sistema defensivo de la ciudad realizada por D. José Ros, que adorna folletos y libros especializados. Por si no es así, le describimos el trazado. El primer recinto de murallas, se disponía alrededor del primitivo castillo (ubicado donde hoy se encuentra el otro) y protegiendo una mezquita. El recinto externo, cobijaba a todo el caserío, accediéndose a él a través de tres puertas: Caravaca, Lorca y Cinco Caños. Hoy en día, pocos restos quedan de estas defensas, pero aludiremos a alguna al salir del castillo. La construcción del que estamos visitando es contemporánea a los albores del siglo XVI y probablemente, para su edificación, se destruyeran las construcciones anteriores. El castillo por su forma, diseño y decoración, está dentro de lo que se denomina "castillo- palacio", cobrando importancia el factor de residencia señorial y cortesana, sobre el defensivo. Sus autores, de hecho, parece que fueron italianos, trayendo hasta aquí, modas y recuerdos de las cortes europeas. De aquí, que podamos disfrutar de los miradores, ventanales, salones, arquerías... y del patio. En este punto, se nos encoge el corazón, al tener que reconocer que el suntuoso patio de mármol de Macael, de doble arquería, se encuentra hoy embelleciendo el Museo Metropolitano de Nueva York. ¿Sorprendido? Imaginamos que no, porque ya habría oído alguna vez esta referencia; una más, de las típicas heridas que sufre el abundante patrimonio histórico-artístico español. Este lamentable hecho fue el culminante de una larga serie de episodios donde predominó el abandono y el saqueo. Agradezcamos hoy la importante obra de restauración que permite visitarlo. Pero, en fin, recupere el ánimo e imagínese este espacio, todo blanco, resaltando frente a la imponente presencia de la Torre del Homenaje, recortada sobre el azul profundo del cielo de Vélez Blanco. Mantenga esta sensación placentera en su interior y siéntase dama o caballero de la época. Abandónese a recorrer con calma los rincones, pasadizos, escaleras y salas del palacio. Se sorprenderá de la amplitud de algunas de sus salas, de las impresionantes vistas que se obtienen desde sus balcones y miradores, se asomará a las más altas almenas, y entenderá la sensación de seguridad y grandeza que encierran estos muros. Se sentirá, con toda certeza, privilegiado por disfrutar de nuestra historia. Pero como el tiempo pasa inexorablemente, salgamos del castillo para descender hasta el pueblo. Aconsejamos hacerlo andando, por lo que, el sufrido conductor, tendrá que aproximar el vehículo hasta el centro de la localidad, y volver hasta aquí, si no quiere perderse nada. Antes de ceder altura para adentrarnos en este conjunto histórico artístico, acerquémonos hasta los restos de una torre próxima a la entrada del castillo. Efectivamente, más de uno habrá pensado que se trataba de una antiguo torreón. Más que eso, son los restos de la Iglesia de la Magdalena (1501), levantados sobre la antigua mezquita árabe, y que además ocultan en sus proximidades un aljibe de la época, así como restos de la primera cerca medieval. Comenzamos nuestro paseo por el pueblo, hacia una de sus calles principales: La Carrera. Este amplio espacio contrasta con el próximo barrio de la morería, teniendo ante nosotros un espléndido ejemplo de dos modelos urbanos bien distintos, el laberíntico árabe y el rectilíneo de la repoblación cristiana. A nuestro alrededor se agolpan edificios monumentales como la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, del siglo XVI. En su interior, confluyen rasgos góticos con su cubierta múdejar, destacando la amplitud y diafanidad del templo. Frente a nosotros: el Ayuntamiento. Aquí nos permitirá, informarle que dentro trabaja uno de los más ilustrados conocedores y artistas de este municipio: D. José Ros. Si su trabajo se lo permite no dudará en informarle e ilustrarle sobre los aspectos que demande. Continuemos el recorrido refrescándonos en las numerosas fuentes que aparecen a cada paso y dirijámonos hacia el Convento de San Luis. Esta construcción bien conservada, fechada en el siglo XVI, albergó una comunidad de franciscanos y la afamada escuela de letras. Al exterior sobresale su torre múdejar y la fachada de estilo plateresco. En su interior quedan restos de su retablo y las trágicas secuelas de la contienda de 1936. Ya que estamos en esta parte del pueblo, podemos preguntar a algún vecino por el centro de información del parque que, nos anunciaron, abrirá sus puertas en breve. Si es así, puede acercarse hasta allí. Si no estuviera abierto, no se preocupe, visitaremos el centro oficial de recepción del parque después, en María. Tras el largo recorrido se nos plantean dos posibilidades. Una, nos lleva a continuar viaje y adentrarnos en el Parque Natural Sierra María-Los Vélez. La otra, nos ofrece la variante de hacer noche en alguno de los establecimientos hoteleros o de turismo rural, que nos permitirá, al día siguiente, disfrutar de la grandeza del parque. Usted y sus acompañantes tienen la palabra. Nosotros, independientemente, seguiremos con nuestros comentarios. A lo largo de la carretera, pronto, se perciben trazos que anuncian un cambio en la vegetación dominante que pasa a estar fundamentada en coníferas y variadas especies de matorral. Nos acercaremos a María antes de hacer referencia a las particularidades del parque. Este pueblo ostenta, para algunos, el privilegio de ser la localidad más elevada de Almería, cercana a los 1.200 m de altitud. Este hecho motiva que, a menudo, y en los más crudos inviernos, la nieve decore sus tejados en una estampa atípica para nuestras retinas. La Cueva del Haza, del Neolítico - ubicada en Sierra María- recuerda parte de su pasado prehistórico, enriquecido con hallazgos iberos y romanos. Su historia se vincula a una tradicional explotación maderera de las laderas de esta sierra, de origen árabe, que motivó su especialización productiva en trabajos de madera, hornos de cal, carboneras, tejeras y hasta vidrio. Hoy en día, este pueblo de aires más manchegos que almerienses, se centra en las actividades agrarias y ganaderas. Destacamos la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, del siglo XVI, de una sola nave y recubrimiento múdejar. Si no sabe la hora que es y hace un espléndido día, no dude en consultar el reloj de sol que aparece en sus muros. Descuente el desfase horario y, sin ningún retraso, estará ya perfectamente informado. Desde cualquier punto de su caserío, se obtienen impresionantes vistas de Sierra María. Sus agrestes cortados arrojan a sus pies extensos depósitos de piedemonte que más abajo se pueblan de tupida vegetación. La imagen es muy llamativa y recuerda otros relieves calizos y dolomíticos de cordilleras con similares características. Aseguramos a nuestro viajero que la estampa de estas cumbres, cubiertas con el manto nival es una de las más sugerentes, por su belleza y contraste, de toda Almería. Aprovecharemos para acercarnos hasta la fuente de la plaza o a ver la Casa de la Tercia y la del Marqués - hoy cuartel de la Guardia Civil -, ambas del siglo XVIII. Fijémonos en sus casas, que recuerdan tierras castellanas y manchegas, así como en las aberturas de sus cámaras o despensas, idóneos secaderos de embutidos y otros productos alimenticios. Desde María pueden plantearse innumerables excursiones de senderismo o bicicleta de montaña que le permitirán profundizar en el corazón del parque más septentrional de la provincia. Con el fin de facilitar la comprensión del entorno y disfrutar más de su contemplación, proponemos a nuestros acompañantes que nos sigan hasta el centro de recepción del parque. Para ello tomaremos, de nuevo, el coche y continuaremos hacia el oeste, bordeando toda la cadena montañosa. Debemos tener precaución pues un pequeño indicador, a dos kilómetros, anuncia la desviación por una pista –en pésimo estado- hacia la derecha.